domingo, 26 de febrero de 2012

El Vado del Emperador - El paso del Esla según una litografía de Bacler D´Albe

Albert Louis Bacler d´Albe (1761-1824), militar, cartógrafo y artista francés, es fundamentalmente conocido por sus cuadros de batallas, retratos y por sus cartas geográficas y litografías. Acompañó a Napoleón Bonaparte en algunas de sus más memorables campañas militares, como uno de sus consejeros más próximos en el reconocimiento del terreno y en la toma de decisiones estratégicas. Fruto de estas experiencias fue la publicación de la obra “Souvenirs pittoresques du Général Bacler d´Albe”, cuyo tomo segundo está dedicado a la “Campagne d´Espagne”. Se trata de un conjunto excepcional de 88 litografías de gran calidad. Su portada no consigna la fecha de edición, pero señala que la obra fue confeccionada en París "a la lithographie de G. Engelmann. Rue Louis le Grand Nº 27". Comunmente se fecha entre 1820 y 1822.
Bacler d'Albe realizó dos viajes a España durante la Guerra de la Independencia. Como máximo responsable del Cabinet Topographique de l'Empereur recaló en la Península entre abril y mayo de 1808, con el objeto de recopilar toda la documentación disponible. En su segundo viaje acompañó al propio Bonaparte, coincidiendo con la toma de Madrid y la campaña contra el general Moore, entre noviembre de 1808 y enero de 1809.
Retrato de Bacler d´Albe
De su periplo por tierras hispanas, Bacler dejará constancia a través de una serie estampas de los lugares recorridos, complementadas con los testimonios y relatos de algunos de los protagonistas de los primeros meses de la guerra. No todos sus dibujos son tomados directamente del natural, sino que también se basó en las representaciones gráficas y las narraciones de otros autores. No obstante, toda su obra gráfica tiene una unidad de estilo definida por temas y asuntos que mitifican la labor de las tropas napoleónicas. Las escenas están teñidas de ese romanticismo tan querido en la época, con puentes, castillos, palacios, y ruinas rodeados de una vegetación exuberante, a todas luces exagerada y teatral. En esta ambientación paisajística no faltan los tipos populares y las escenas costumbristas.
Dentro de este tomo II dedicado completamente a España la lámina número 49 inmortalizó uno de los momentos más memorables de la llamada “Carrera de Benavente”, esto es el cruce del Esla por la caballería francesa el día 30 de diciembre de 1808. La reciente adquisición por quien suscribe estas líneas de esta lámina en el mercado de antigüedades ofrece una buena oportunidad para volver de nuevo sobre este episodio, tan crucial para el desarrollo de la Guerra de la Independencia en los últimos días del año 1808.
La mañana de ese día 30 de diciembre las tropas francesas se dedicaron a reparar, en la medida de lo posible, el puente de Castrogonzalo, mientras varios oficiales intentaban localizar vados por los que cruzar el río.
El puente había sido volado con pólvora el día anterior por los ingleses en su precipitada retirada hacia Galicia. El sabotaje formaba parte del plan del general de Moore de obstaculizar al máximo el avance francés, y evitar el enfrentamiento cuerpo a cuerpo con el enemigo. Los pontoneros franceses se afanaron en entablar los arcos y machones minados por la pólvora inglesa. Nicolás Marcel hace referencia someramente a estos trabajos de reparación: "... el puente era muy difícil de reparar, pero allí donde se encontrase el emperador, se eliminaban los obstáculos en un instante, aparecían vigas, maderos y escaleras por doquier y, aunque no pudiese pasar más que de uno en uno, en dos horas los 4.000 hombres se encontraban del otro lado del río". En estas tareas fue aprovechada toda la madera que se pudo encontrar, alguna de procedencia muy poco confesable. Del monasterio de Santo Domingo de Benavente, por ejemplo, se desmontaron buena parte de sus dependencias e iglesia para convertirlas en vigas.
Portadilla del Tomo II de "Souvenirs pittoresques du général Bacler d'Albe", Paris, Engelmann, 2 vol., 1819-1822
Paralelamente, un oficial del regimiento de Nayles encuentra un vado "por encima del lugar por donde habían pasado los cazadores de la guardia". Según este mismo testimonio, el paso de las tropas de Lefebvre el día anterior se habría producido "por un vado que había debajo del puente", dato que no concuerda con el resto de relatos. En todo caso, una vez localizado el lugar de paso el propio Napoleón se habría puesto a la orilla guiando a los pelotones en su marcha: "La mañana del día 30 reparamos el puente y varios oficiales se encargaron de sondear los vados. M. De Damas, oficial de mi regimiento, descubrió un vado por encima del lugar por donde habían pasado los cazadores de la guardia. Napoleón se puso a la orilla del río y nos hizo pasar por pelotones".
Nicolas Marcel sargento, y posteriormente capitán del ejército francés, relata así el episodio: "Un guía que estaba con el Emperador nos indicó un punto en el que el Esla se dividía en tres brazos y nos permitía pasar más fácilmente. Formamos una hilera y comenzamos a pasar. El agua estaba muy fría y nuestros viejos bigotes comenzaron a refunfuñar cuando los soldados vieron al Emperador entrar a pie en el río para mostrarles el camino. En el regimiento se oyó un grito unánime: ¡Viva el Emperador!. El entusiasmo fue general y, en media hora, toda la división estaba al otro lado del río. Este punto de paso fue conocido en el ejército como "Vado del Emperador".
Dezydery Chlapowski, oficial polaco al servicio de Napoleón, ofrece algunos detalles complementarios: "El Emperador ordenó a la caballería cruzar el río por un vado que se encontraba un poco más arriba, obligando a los escuadrones a aproximarse lo más cerca posible, sin que hubiese distancia entre ellos, y los oficiales en su lugar. Esta columna apretada formó una presa humana y un poco más abajo el agua descendió. El emperador hizo pasar por este lugar a la artillería que logró cruzar el río sin mojar sus municiones. Cuando dicha artillería estaba en la orilla opuesta, el Emperador cruzó a su vez con todos nosotros. Por la noche llegamos a Benavente, congelados y mojados. Era a finales de diciembre de 1808".
Nuestra litografía lleva por título: “Passage de l´Elza par la cavalerie française devant Benavente le 30 Xbre 1808". La topografía de las ilustraciones de este artista debe ser siempre tomada con muchas reservas. Así la lámina número 50 de esta misma obra ofrece una vista del Castillo de Benavente, que no guarda un parecido reconocible con otras ilustraciones o fotografías antiguas. Pero en nuestro caso parece que la fidelidad del escenario es bastante más evidente, pues disponemos de al menos de dos referencias significativas coincidentes.
Passage de l´Elza par la cavalerie française devant Benavente le 30 Xbre 1808
Por una parte el destruido puente de Castrogonzalo a lo lejos, lo cual nos indica que las tropas que cruzan el Esla en ese momento lo hacen río abajo y a una distancia considerable del viaducto. La imagen nos muestra un puente de ocho ojos, correspondiente al conocido entonces como Puente Mayor, con al menos uno de sus arcos destruido. Sobre el viaducto se intuye la presencia de soldados, sin duda ocupados en la reparación del desperfecto con tablones de madera. Más a la izquierda se aprecia el Puente Viejo, mientras que a la derecha aparece una construcción levantada prácticamente sobre el mismo puente.
La otra referencia es una iglesia o ermita situada a la derecha, junto a un caserío que debería corresponder a Castropepe. Así el mencionado templo se identificaría con la antigua iglesia parroquial de Santa María Magdalena, actualmente en ruinas y convertida en cementerio. La espadaña de este templo presenta ciertamente una estructura muy similar a la actual, así como el camino empinado por el que las tropas francesas descienden desde el caserío hacía el río. La caballería cruza en pelotones el curso de agua en dirección hacia Benavente, bajo la atenta mirada de mandos y oficiales. En un segundo plano parece intuirse la presencia del propio Emperador, tocado de su característico bicornio o sombrero de dos picos, acompañado de varios ayudantes. A la derecha otro grupo de soldados intenta calentarse al pie de una hoguera, una forma de transmitir al espectador el intenso frío y las penalidades padecidas por la tropa.
Detalle del Puente de Castrogonzalo, con algunos de sus arcos volados por los ingleses
Contamos con un interesante mapa, muy esclarecedor para entender en toda su medida el teatro de operaciones. Procede del Archivo Cartográfico y de Estudios Geográfico del Centro Geográfico del Ejército y tiene por título "Passage de L`Esla au gué de Castro Pepe devant Benavente par l`Armée Francaise commandée en personne par S.M. Impériale et Royale le 30 decémbre 1808".
El plano nos muestra tres caminos que atraviesan el Esla y conducen a Benavente. El central corresponde al paso del derruido puente de Castrogonzalo, en la carretera de Benavente a Villalpando. El que se sitúa aguas arriba se encuentra junto al casco urbano de Castrogonzalo y debe corresponderse, más o menos, con el vado por el que cruzó Lefebvre. Por último, está otro acceso a la altura de Castropepe, también junto a su caso urbano, y que, por tanto, debe identificarse con el descrito en las fuentes y el plasmado en la litografía anteriormente citada. Todos ellos confluyen en Benavente, donde aparecen representadas, al parecer, las columnas francesas entrando en la villa.
Para entonces buena parte de la población de Benavente había huido a los campos y a las aldeas. Toda la amplia llanura de la vega del Esla estaba muy concurrida de monjes y fugitivos. En la villa solamente quedaban las mujeres y los niños, que deambulaban por las calles gimiendo y laméntandose de su suerte, en una estampa descrita por los testigos como estremecedora. El Emperador, una vez sorteado el río, habría llegado a Benavente en aquella misma tarde del día 30 de diciembre, alojándose en una vivienda perteneciente a la familia Núñez de la actual Plaza del Grano.
Espadaña y ruinas de la iglesia de Santa María Magdalena de Castropepe
Las dificultades del paso del Esla y la reconstrucción del puente motivaron un considerable retraso del avance francés. Aunque, como hemos visto, una parte atravesó el río y se reunió con Napoleón en Benavente, otra debió detenerse de este lado del Esla durante algunos días. La caballería sería la primera en pasar el río, mientras que la infantería y todo el material pesado tendrían que esperar a que los vados o el puente fueran transitables
Estos imponderables ya habían sido asumidos por el propio Bonaparte: "El emperador había advertido de que el puente de Castrogonzalo estaba destruido y que tardarían mucho tiempo en repararlo puesto que las brechas de los arcos eran muy anchas. La tropa se desperdigó entonces por las aldeas más próximas a Castrogonzalo, dejando una profunda huella en la memoria colectiva de toda la comarca.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Gloria y Excelsis Deo - Dos tablas de Navidad en Castrogonzalo


En las catorce tablas  que se conservan actualmente en el retablo de Castrogonzalo podemos distinguir al menos dos ciclos temáticos que facilitan su lectura iconográfica. El primer ciclo tiene por tema principal aspectos diversos de la vida de la Virgen y la infancia de Cristo, mientras que el segundo se ocupa de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. El primer asunto se desarrollo en el primer cuerpo y las dos tablas del lado izquierdo del segundo. Comprende: El Nacimiento de la Virgen, La Anunciación, La Visitación, La Natividad, La Adoración de los Magos y La Presentación en el Templo. No ocuparemos a continuación del estudio iconográfico y compositivo de las dos tablas de tema más estrictamente navideño: La Natividad y La Adoración de los Magos.

1. La Natividad

Lucas es el único de los evangelistas que proporciona un relato completo y coherente de las circunstancias que rodean el nacimiento de Jesús. Pero nuestra tabla no recoge el momento concreto del nacimiento, sino la posterior adoración por sus progenitores, siguiendo la tradición de otros relatos no integrados en el corpus bíblico como los Evangelios Apócrifos y las Revelaciones de Santa Brígida. En esta última obra se señala que tras dar a luz María "flexis genibus", e inclinando la cabeza, con la manos juntas adoró al niño diciendo: "Bene Veneris, Deus meus, Dominus meus, Filius meus".


La escena representada en la tabla se ajusta fielmente a esta descripción, aunque incorporando otros detalles comunes a la iconografía al uso. Las figuras centrales son San José a la izquierda, caracterizado como un apacible anciano de barba cana con la cayada entre sus manos, la Virgen, arrodillada y con las manos juntas, y el Niño en el pesebre. Sirven de acompañamiento el asno y el buey, representados parcialmente para no restar protagonismo a la Sagrada Familia. Se mantiene aquí la divergente actitud tradicional de los dos animales: el buey con la cabeza inclinada hacia el niño en actitud de devota adoración, simbolizando a la Iglesia, y el asno, símbolo del pueblo judío, apartado y en ademán más indecoroso. Junto a esta escena principal coexiste otra en un segundo plano, teóricamente paralela, como es El Anuncio a los pastores, que sirve a la vez de fondo paisajístico para la tabla.

Un ángel portando filacterias se aparece a un pastor que cuida su rebaño en un paisaje montañoso convencional. Otros dos pastores se asoman tímidamente a la escena principal, estableciéndose así un nexo conceptual entre ambos ambientes. Uno de ellos tiene las manos juntas en actitud de adoración, el otro, menos reverente, simplemente observa con aire curioso los acontecimientos. Este último personaje está calcando a otro prácticamente idéntico existente en la tabla homónima de Santo Tomás Cantuariense de Toro, obra de Juan de Borgoña II.
El niño, centro de toda la composición, es presentado tendido sobre un improvisado lecho. Es la representación tradicional del pesebre, formado por varios sillares perfectamente escuadrados y unas pajas, recurso este que alude a la Piedra Angular o fundamento de la Iglesia. Junto al recién nacido se encuentran dos ángeles ápteros. En cambio, los tres ángeles que revolotean sobre el pesebre desplegando filacterias sí son alados. Los rasgos de todos ellos, de mofletes resaltados y piel sonrosada están ajustados al canon de belleza infantil del siglo XVI. Se trata este de un recurso narrativo muy presente en la Escuela de Toro, que aporta a las escenas una nota tierna y entrañable.

La arquitectura en ruinas sirve para recrear un marco espacial de connotaciones legendarias. Responde, en todo caso, a modelos muy difundidos por la pintura flamenca. Parece que el objetivo principal de autor al componer la escena ha sido establecer un contraste entre la humildad y la pobreza de los personajes frente a esa arquitectura grandiosa, pero en una ruina decadente. En esta ambientación tan peculiar destacan, por el estudio de las calidades y los brillos, esas dos columnas abalaustradas doradas, réplicas de las talladas en el retablo, que sirven además de delimitación física a las tres figuras principales. La sensación de profundidad de todo el panel se consigue mediante la conjunción de estos elementos con la superposición de diversos planos escénicos.

2. La adoración de los Magos
 
La representación de los magos en número de tres y con edades diferentes, correspondientes de hecho a las tres edades de la vida: juventud, madurez y ancianidad, tiene un origen muy antiguo, que se remonta tradicionalmente a un texto atribuido a Beda. Esta misma fuente explica el significado de los dones tradicionales: el oro, por la realeza, el incienso por la divinidad; y la mirra por la humanidad. Los nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar aparecen en el siglo IX en el Liber Pontificalis de Rávena. No obstante, las fuentes de inspiración utilizadas por los artistas para reflejar el acontecimiento son muy diversas, remontándose incluso al arte imperial y bizantino, pues en el Nuevo Testamento solamente el evangelio de Mateo recoge en unas breves líneas el acontecimiento:



“Al ver la estrella experimentaron una grandísima alegría. Entraron en la casa, y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Luego, habiendo sido avisados en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su país por otro camino”.

En nuestra tabla el autor no ha hecho uso del recurso frecuente de recrear escenas paralelas directamente relacionadas, como por ejemplo visiones del viaje de la comitiva. El planteamiento responde a una composición bastante simplificada. Los tres magos aparecen a la izquierda, ricamente ataviados, ofreciendo sus presentes a la Virgen. Sus rasgos responden no sólo a las tres edades sino que también se intenta establecer una diferenciación étnica en alusión a las tres partes del mundo; de hecho los Magos fueron adoptados como patronos por viajeros y peregrinos.


El más anciano se arrodilla ante el niño en actitud respetuosa de oración, mientras que los otros dos, más dinámicos, avanzan con gesto solemne hacia el pesebre portando sus ofrendas. La figura de San José es la gran ausente de la composición, siguiendo así una tradición muy cultivada en la iconografía cristiana. En otras representaciones aparece en un segundo plano o bien lo encontramos dormitando, como ocurre en la portada sur de la iglesia de San Juan del Mercado de Benavente.
María aparece sentada con el niño en su regazo. Agradece con su mano derecha los obsequios recibidos y sujeta delicadamente con la izquierda al pequeño, envuelto en pañales. La estrella de Belén preside la escena, pero apenas es destacada en la composición.

En otro orden de cosas, merece destacarse el detalle con el que el autor se recrea en los recipientes destinados a contener los presentes: el oro, el incienso y la mirra. Dos copas y un cofre, todos ellos de oro, remarcando el noble origen de los donantes y el simbolismo de los presentes. También demostró el autor su particular dominio técnico en el estudio de los ropajes, de sus pliegues, sus brillos y sombras, y los contrastes cromáticos, aspectos igualmente observables en otras tablas de este retablo.
La ambientación es fría e impersonal. Solamente las figuras del buey y el asno recuerdan vagamente el ambiente del establo descritoen los Evangelios, pues tanto el pilar central como el basamento que sirve de asiento a María remiten a una arquitectura renacentista en ruinas. El paisaje de fondo se ha simplificado notablemente en esta ocasión mediante la representación de un paraje montañoso y un cielo convencional con nubes ajustadas a líneas horizontales.
Imágenes del retablo de Castrogonzalo [Mediados del siglo XVI]: 1. Tabla de la Natividad; 2. Detalle de la tabla de la Natividad; 3. Detalle de la tabla de la Natividad; 4. Tabla de la adoración de los Magos; 5. Detalle de la tabla de la Adoración de los Magos y 6. Detalle de la tabla de la Adoración de los Magos [Fotos Rafael González].

lunes, 12 de octubre de 2009

¡Hasta las ruinas perecieron! - La iglesia de Santo Tomás de Castrogonzalo

Fachada norte de la iglesia de Santo Tomás en 1990

En uno de los pasajes más célebres del poema épico “La Farsalia”, cuenta Lucano el asombro de Julio César durante su visita a los solares donde estuvo la sojuzgada, y luego destruida, ciudad de Troya. El gran poeta hispanorromano, cordobés para más señas, hace exclamar a César: "etiam periere ruinae", ¡hasta las ruinas han perecido! Hoy se hace uso de esta máxima para expresar la consternación por una desolación total, un sentimiento muy apropiado para el caso que nos ocupa. Si bien el derribo de la iglesia de Santo Tomás ocurrió hace ya bastantes años, sus ecos en la memoria colectiva de los vecinos no deberían apagarse nunca.

La existencia de dos parroquias en Castrogonzalo y, por consiguiente, de dos barrios diferenciados, con personalidad propia, -el de Arriba y el de Abajo-, es un aspecto indisolublemente ligado a la historia de una localidad cuyos orígenes remiten al proceso de colonización altomedieval. Ya desde 1157 contamos con referencias que revelan la existencia de al menos un templo en la villa dependiente de la mitra astorgana, aunque sin poder precisar exactamente su número. En esta fecha, la infanta doña Elvira, hija natural de Alfonso VI y Jimena Muñoz, donaba a la catedral de Astorga sus posesiones y derechos en todas sus iglesias de la diócesis, mencionando las villas de Bretó, Castropepe, Castrogonzalo, Lagunadalga, Saludes, Maire, y las situadas en Sanabria, en Ribera y en el Bierzo.

La colegiata de Santa María de Arbás, situada en la vertiente sur del puerto de Pajares, fue una institución religiosa que parece que tuvo una gran presencia en Castrogonzalo, y en otras poblaciones de Tierra de Campos, en la primera mitad del siglo XIII. Controlaba los derechos de paso sobre el puente y también llegó a percibir rentas en las iglesias de la villa. En 1225, Alfonso IX concedía a esta colegiata cuantos derechos le pertenecían en las dos iglesias de Castrogonzalo. En principio, nada podemos saber sobre la advocación de cada una de ellas en esta época, pero dada la permanencia en el tiempo de estas dedicaciones en la mayor parte de las poblaciones, podemos suponer su identificación con las tradicionales: Santo Tomás y San Miguel.

Tendremos que esperar hasta 1361 para encontrar una mención expresa a la iglesia de Santo Tomás. En este año, unos vecinos de Castrogonzalo, Bartolomé Martínez y María García, su mujer, reciben dos tierras del monasterio de Santa Clara de Benavente con la condición de plantar allí unas viñas. Las fincas se encontraban en unos majuelos, donde existían también unas viñas pertenecientes a la iglesia de Santo Tomás.

Analizar hoy las características arquitectónicas y artísticas de esta iglesia resulta una tarea harto compleja, ante la desaparición total del objeto de estudio. Para ello, es preciso partir de las escasas fotografías disponibles, recopilar la documentación de archivo y remitirse a los testimonios de los autores que citan en algún momento algún rasgo destacado del templo.

Así, el corresponsal del "Diccionario de Madoz" describe Santo Tomás a mediados del siglo XIX como un edificio "del orden gótico; sus paredes y torre de piedra de cantería y las bóvedas de ladrillo por arista; tiene una sola nave con 150 pies geométricos de largo, 110 de ancho y 62 de altura hasta la bóveda; cuenta cinco altares que nada ofrecen de particular, y celebra dos festividades, una el 21 de diciembre y otra el 16 de agosto en conmemoración de San Roque, patrono del pueblo". Como vemos, en esos cinco altares el retablo del siglo XVI no merece la más mínima consideración de este autor.

Por el contrario, Gómez Moreno apenas se ocupa de la iglesia en su "Catalogo monumental de la provincia de Zamora", pero sí dedica unas líneas a comentar las tablas y las esculturas de su retablo. Elogia las pinturas, pero no tanto las tallas, pues solamente considera la imagen de San Juan Bautista como de verdadero mérito. De la iglesia apenas sentencia que "es moderna y en forma de cruz".

En la misma línea, David de las Heras afirma que “la iglesia es de estilo renacimiento con forma de cruz latina. Su titular es Santo Tomás Apóstol, cuya imagen está en el retablo mayor”. Entre las esculturas, destaca un crucifijo grande del siglo XIV; una imagen de San Sebastián, gótica del XV; otra de la Inmaculada, del siglo XVI; una de San José, y otra de San Roque, ambas del siglo XVII.

Del análisis de las fotografías antiguas recopiladas se deduce que, aunque la planta y estructura general del templo puede responder, efectivamente, al siglo XVI, durante el siglo XVIII se acometieron importantes reformas que le dieron su aspecto final. Sabemos por una breve anotación recogida en los libros de fábrica, y citada por José Muñoz Miñambres, que en 1798 se construyó la capilla mayor y el crucero. Según este autor, Santo Tomás era la iglesia más antigua de los dos barrios de la localidad. En su casco parroquial estaba el alcalde de hijodalgos, siendo la de San Miguel más moderna y en su casco jurisdiccional estaba el alcalde del estado general. También era de Santo Tomás de donde salían las procesiones interparroquiales del Domingo de Ramos y de la festividad del Corpus Christi.

El templo contaba con una única nave y presentaba un crucero saliente que daba a su planta forma de cruz latina. Los muros de su cabecera y de los brazos del crucero eran rectos, y añadía a los pies una gran espadaña, con dos cuerpos de vanos para acoger las campanas. Su fábrica, fruto de diversas fases constructivas, alternaba el tapial, el ladrillo y la sillería. La cubierta era a dos aguas sobre armazón de madera. El crucero se cubría con cúpula semiesférica de factura simple y la nave con bóveda de medio punto con lunetos. La edificación tuvo problemas tradicionalmente de estabilidad por su endeble cimentación y la mala calidad del terreno. El cuerpo inferior de la espadaña fue reparado y reforzado en diversas ocasiones, y a mediados de los años setenta se adosó una galería cubierta al muro sur, con la intención de contrarrestar los empujes de la nave.

En cualquier caso, existió en este mismo emplazamiento otro templo anterior de época medieval, sin poder precisar más detalles sobre sus características y cronología. Testimonio de ello es una estela discoidea de carácter funerario, reaprovechada en la cimentación y recuperada durante los trabajos de desescombro. Se puede fechar, según ejemplos similares, en torno a los siglos XII-XIII. En este momento medieval debe inscribirse también un gran Cristo crucificado en madera policromada, hoy conservado en la iglesia de San Miguel. Aunque de aspecto románico, su factura resulta es algo arcaizante, debiendo llevarse su realización a un momento bien avanzado del siglo XIV.

Durante el siglo XVII hay constancia de varios pagos para la realización de obras artísticas de diversa naturaleza. En esta época en el templo había al menos tres capillas: la de la Natividad de Nuestra Señora, la de San Martín y la de San Juan Bautista. De esta última, debe proceder una meritoria imagen del santo, del siglo XVI, que preside actualmente la calle central del retablo en San Miguel.

En 1604, en los libros parroquiales se ordena "que se pinte en la Iglesia Parroquial, en el paño frontero a la puerta principal, una figura de San Cristóbal muy grande, conforme muestra estar pintada ya". La anterior, aunque de cronología indefinida, debía estar en la línea del gran fresco existente en el lado sur del crucero de la iglesia de Santa María del Azogue de Benavente, o a los ejemplos de la Catedral de León, la iglesia de San Marcos de Salamanca y la colegiata de Toro.

Hay también menciones de diferentes intervenciones en la capilla mayor y en los altares colaterales, pero no se especifica hasta qué punto el retablo principal se vio involucrado en alguna de ellas. Así, sabemos que en 1640 se limpió el altar mayor, o que por estos años se doró la caja del Santísimo.

A principios del siglo XVII se suscitó un pleito en torno a la legítima posesión del beneficio curado de nuestra iglesia. Los condes de Benavente fueron adquiriendo a lo largo del tiempo el derecho de presentación en la mayor parte de las parroquias de las tierras de su señorío. En el caso de Santo Tomás de Castrogonzalo, este derecho pertenecía desde antiguo a los parroquianos y feligreses. Sin embargo, una vez que quedó vacante el curato de Santo Tomás, el VIII conde de Benavente, Juan Alfonso Pimentel, hizo valer su influencia para proponer a un familiar suyo: Fernando Pimentel, clérigo de menores de la diócesis de Oviedo. Así, en 1617 se confirma la sentencia de Cristóbal de Vera, arcediano del Páramo, por la que otorga, a instancia de Juan Alfonso Pimentel de Herrera, a Fernando Pimentel "el beneficio simple y ración sita en la iglesia de Santo Tomé del lugar de Castrogonzalo de esta diócesis de Astorga".

Entre las capillas y fundaciones pías establecidas en la parroquia debe destacarse una fundación para dotar huérfanos. La casa de huérfanos había sido establecida por el clérigo Paulo de Cepeda. Uno de sus principales benefactores fue Martín de Cepeda, descendiente de la familia de los Cepedas de Fuentes de Ropel. En Santo Tomás de Castrogonzalo, los Cepeda contaban con una capilla fundada originariamente por Gaspar de Cepeda y su hermano, Pedro. Esta institución fue complementaria de otras obras piadosas promovidas por Gaspar de Cepeda, entre las que destaca la capilla del Santísimo Cristo de la Indias, con sede en la iglesia de San Pedro de Fuentes de Ropel. Este importante militar ropelano del siglo XVI participó en la conquista de los territorios de Honduras y El Salvador.

El templo atravesó un momento particularmente delicado en los días inmediatos al 29 de diciembre de 1808, cuando las tropas francesas ocuparon el pueblo y utilizaron la iglesia como establo para sus caballerías. Los acontecimientos se inscriben en la ofensiva de Napoleón en el invierno de ese mismo año contra el ejército británico de Moore, que se replegaba en dirección a La Coruña. Según el testimonio de su cura párroco, Isidro González Feliz, los franceses irrumpieron en la iglesia e hicieron varias hogueras en su interior: "destrozaron las puertas del Sagrario y alguna otra pieza de retablos, sin dejar en salvo los cajones de la sacristía y el archivo de papeles [...] Últimamente se perdieron dos cálices de plata, un incensario, dos vinajeras con su platillos y las olieras de dicha especie, lo restante que dejaron fue por haberlo custodiado en sitio secreto que los demás. Como el fuego y el humo eran fuertes destrozaron las vidrieras para que saliera desluciendo las bóvedas". La ausencia hoy de las puertas del sagrario, muy probablemente decoradas con relieves en madera policromada como el resto del retablo, es fiel testigo de estos acontecimientos.

Una de las últimas obras de calado documentadas en la fábrica de Santo Tomás se produjo a principios del siglo XX, en época del párroco Agapito Galende. Se trató en esta ocasión de la espadaña, adosada a los pies, cuya  estructuro debió ser totalmente renovada. De este feliz acontecimiento se hizo eco la prensa local: “En Castrogonzalo (Benavente) se ha solemnizado la fiesta del Rosario inaugurando la torre de la iglesia. Hubo misa solmene, con sermón que predicó el párroco don Agapito Galende; disparo de bombas y cohetes, banda de música, corrida de vacas y bailes populares; terminando con una sesión de gramófono con que el virtuoso sacerdote que regenta aquella parroquia, obsequió a sus feligreses”.

El comienzo del final de la historia de esta iglesia, no exenta de su correspondiente controversia, debe situarse a principios de los años ochenta, momento en el que el progresivo deterioro del templo comenzó a sembrar la inquietud entre los vecinos. Curiosamente, el 20 de mayo de 1981 la entonces Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas había incoado un expediente para la declaración del edificio como "monumento histórico-artístico". Una iniciativa encaminada principalmente a proporcionar protección al retablo del siglo XVI. Fue este un expediente nunca resuelto, y que aún hoy inexplicablemente continúa abierto, según los registros de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Castilla y León. Los pormenores de esta “crónica de una muerte anunciada” invitan a hacer una reflexión, una vez más, sobre la precaria situación en la que todavía hoy se encuentra el patrimonio histórico-artístico de buena parte de los núcleos rurales de Castilla y León.

Los desfavorables augurios formulados por vecinos y parroquianos tuvieron su confirmación, punto por punto, en los meses siguientes. El culto tuvo que interrumpirse definitivamente en la iglesia ante el desplome de parte del techo y la proliferación de grietas en muros, bóvedas y cúpula. La espadaña también amenazaba ruina, a pesar de los refuerzos introducidos en su estructura en varias ocasiones. De esta forma, Castrogonzalo perdía temporalmente sus dos iglesias, dado que el otro templo: San Miguel, hacía ya bastantes años que estaba fuera de servicio, utilizándose eventualmente como panera por unos particulares. Las celebraciones religiosas fueron trasladadas a un local municipal, acondicionado al efecto para cumplir las funciones de altar improvisado.

Durante el año 1983 se acometieron diversas obras de reforma en la iglesia de San Miguel a cargo del Obispado de Zamora. El edificio venía utilizándose como panera desde hacía años, por lo que hubo que cambiar los solados, enfoscar los muros y pintar las paredes para adecentar el interior. También se renovaron los muros exteriores y se añadieron diversos paramentos de ladrillo. Este lavado de cara permitió volver a utilizar la iglesia para el culto. Fue este el momento en el que se acometió el traslado y restauración del retablo a cargo de la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León, trabajos que se prolongaron durante varios meses de los años 1985 y 1986.

Mientras se rehabilitaba San Miguel, el abandono y el consiguiente proceso de deterioro de Santo Tomás continuaron imparables durante los años siguientes. La incoación del expediente para su declaración cómo BIC sorprendentemente no surtió ningún efecto práctico. En la resolución de 1981 se hacía saber al Ayuntamiento “que todas las obras que hayan de realizarse en el monumento cuya declaración se pretende, o en su entorno propio, no podrán llevarse a cabo sin aprobación previa del proyecto correspondiente por esta Dirección General". Sin embargo, en el mes de marzo de 1992 el templo se derribaba definitivamente, sin que el asunto ocasionará mucho ruido mediático ni impacto en la opinión pública.

Hoy nada queda del antiguo edificio, salvo el solar donde estuvo levantado. La finca se ha convertido en un descampado sin urbanizar donde prolifera la maleza y se acumulan los escombros. Sin embargo, aún se reconocen algunos vestigios de sus cimientos y las escaleras de hormigón de acceso al pórtico. Todo ello sería más que suficiente para convertir este espacio en una plaza e intentar recuperar la planta y la memoria de la iglesia con una adecuada señalización y cartelería.

La iglesia de Santo Tomás tenía bajo su jurisdicción parroquial una ermita distante de la población bajo la advocación de Santa Marina. Estuvo situada junto al río Esla y el puente de piedra, donde aún hoy existe un pago que recuerda su nombre. Sus orígenes son medievales, pues en el siglo XIII hay constancia de la celebración de una feria franca en el puente en torno a la festividad de la virgen y mártir. En el entorno del puente y la ermita existía una alberguería, relacionada con la labor asistencial a los viajeros y peregrinos que circulaban por este paso del río. 

En el siglo XVII la ermita de Santa Marina estaba prácticamente en ruinas. En los libros de fábrica de Santo Tomás se dice que “en ella se recogen los ganados y cabalgaduras, así como personas de mal vivir. Y aunque se le ha puesto llave y puerta en ella, la arrancan y quitan y profanan”. Por ello se manda que “en el término de un mes se ponga una puerta con cerradura fuerte de manera que sea muy segura y libre de los inconvenientes se haga la obra y no haciéndolo, el señor cura y el mayordomo de la iglesia la destejen y quiten de ella la madera y todo se ponga en cobro para reparo de la iglesia del lugar. El despojo de piedra se lleve para la calzada de la iglesia, que se ha de hacer junto a la torre”.

Según documenta José Muñoz Miñambres, el año 1624 se trajo la teja y la piedra de la ermita de Santa Marina, y su imagen se llevó a la iglesia y se colocó en un altar lateral.

Plano de la iglesia de Santo Tomás, según Rafael González Rodríguez

Vista de la capilla mayor con el retablo del siglo XVI

Fachada norte de la iglesia de Santo Tomás de Castrogonzalo

Espadaña y campanario de la iglesia de Santo Tomás de Castrogonzalo

jueves, 3 de septiembre de 2009

San Roque 2009 - 10 miradas

Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico, dejó una deliciosa descripción de las principales fiestas celebradas en la villa a mediados del siglo XIX. Sorprenden la riqueza en detalles mostrada por el autor para desarrollar esta entrada, rasgo nada habitual en el resto de la obra:

“En el día de San Roque, que celebran con misa, sermón y novillos, es de costumbre que el ayuntamiento reparta entre sus individuos, cura de la parroquia de Santo Tomás, que es en la que se verifica la función y predicador, una arroba de barbos, otra de truchas y otra de carne de vaca por iguales partes; por la tarde se corren novillos, y por la noche suele haber algún banquete para los elegantes.

Otra costumbre no menos particular se observa en los habitantes de este pueblo, y es, el primer día de Pascua de Resurrección entrega el alcalde el bastón a un mozo, que por tres días ejerce autoridad, limitada a presidir la comitiva que lleva el predicador de Semana Santa cuando sale a pedir la aleluya; a esta comitiva compuesta de todos los concejales, incluso el alcalde y cura párroco más antiguo, se agrega otra compuesta de tantos mozos cuantos son los individuos del ayuntamiento, pidiendo también la aleluya para ellos. No hay vecino, especialmente las mujeres, que no se esfuerce en darles bollos y huevos, con tal abundancia que suelen reunir hasta un centenar de docenas.

Esta abundante provisión se ha de consumir con el agregado de mucho vino, en el baile que se celebra la tarde del mismo día en la plaza pública, acto que preside el alcalde mozo, sentado con otros de su edad en un banco puesto para el efecto. Los mozos eligen entre ellos, en presencia del alcalde y previo su asentimiento, dos o tres cocineros que reducen los huevos a tortillas; estas las reparte el alcalde, sin más instrumento cortante que sus dedos, entre las mozas en los intervalos de cada tanda.

Esta operación va acompañada de sus buenos tragos de vino que anima sobre manera a bailadores y bailadoras. El segundo día de Pascua repite el alcalde con su escolta la vuelta de segunda aleluya, reducida a pedir el coracho, que es un pedazo de tocino y gallinas. Por la tarde se repite el mismo baile, pero sin la adición del día anterior. El coracho y gallina, con otras cosas que agregan, las destinan a obsequiar aquella noche, las destinan a obsequiar aquella, con abundante cena al cura párroco, predicador y concejales, a cuyo obsequio concurren todos los mozos”.
El panorama festivo actual de Castrogonzalo gira en torno a tres grandes acontecimientos:

Fiesta de San Antón o de los Quintos. Se viene celebrando desde tiempo inmemorial anualmente el día 17 de enero, coincidiendo con la festividad de San Antón. Tradicionalmente coincidía con la entrada en quintas de los jóvenes de la localidad. En la actualidad, desaparecido el Servicio Militar, viene a ser un rito de la mayoría de edad de los jóvenes y su presentación en sociedad.
Se trata de unas fiestas de gran raigambre que suelen durar tres días.
Tradicionalmente los quintos se hacían cargo de la organización y de los gastos que la celebración conllevaba. En los últimos años, dada la escasez de mozos por el descenso de la natalidad, se han venido incorporando también las chicas que participan plenamente de los actos. Precisamente esa falta de quintos y quintas, y el deseo de que una fiesta tan típica de la localidad no se pierda, ha aconsejado al Ayuntamiento a colaborar económicamente al sostenimiento y realce de las fiestas.

Son unas fiestas de gran colorido, pues durante estos tres días los quintos y quintas se visten con un atuendo tradicional y se cubren con una capa adornada de cintas bordadas que regalarán posteriormente a sus novias/os y seres más queridos. La actividad más espectacular tiene lugar el día de San Antón. A las 5 de la tarde, una vez que los caballos y quintos/as han sido bendecidos en el pórtico de la iglesia, proceden a correr las cintas con hermosos caballos, de los que abundan en la villa, perfectamente enjaezados. La carrera finaliza cuando alguno de los quintos/as prende la cinta del premio, mucho más larga que las demás y con los colores de la bandera nacional.

La fiesta se completa con la celebración de grandes bailes donde los quintos suelen invitar a chocolate o a sopas de ajo al estilo castreño, ya bien entrada la madrugada.
Fiesta del Señor. Es una fiesta de gran tradición en la localidad, a pesar de contar con un solo día de duración, que en la actualidad coincide con la festividad del Corpus Christi. Esta fiesta ha decaído en los últimos años, al coincidir con el final de la tradicional “Semana del Toro Enmaromado” de Benavente. No obstante, el Ayuntamiento en su afán de mantener las tradiciones, organiza diversas actividades, entre ellas un parque infantil, juegos autóctonos para los mayores y alguna actuación folclórica de música y baile de la tierra, así como una gran verbena. Lógicamente, en cualquier fiesta popular no puede faltar el componente religioso, que se manifiesta en una solemne misa en la parroquia de San Miguel Arcángel.

Fiestas patronales de San Roque.
Estas fiestas son el santo y seña de nuestra villa. El día grande es el 16 de Agosto, pero las celebraciones suelen durar entre cuatro y seis días, teniendo un prestigio absolutamente reconocido en toda la región. Cuentan con el patrocinio del Ayuntamiento y la organización corre a cargo de una Comisión de Fiestas, formada en su mayor parte por jóvenes, con un papel destacado de los quintos de ese año.
De todos es conocida la enorme afición que existe en estas tierras a todos los espectáculos taurinos, en sus diferentes modalidades. De entre ellos merecen destacarse los encierros al estilo tradicional que se celebran en estas fiestas patronales. En estos encierros por el campo se vienen congregando en los últimos años más de 200 caballistas, y gran número de aficionados y curiosos que siguen a cierta distancia la evolución de los toros o vacas. Los astados se sueltan por los campos de cereal y arremeten contra los jinetes, lo que constituye un espectáculo único.

A estos encierros campestres se unen los encierro urbanos, donde se sueltan toros o vaquillas, y se corren por la calle Larga, desde la carretera hasta la Plaza de Toros situada a la orilla del Esla, en un recorrido total de unos 600 metros. También se celebra un Concurso de Cortes, muy popular en varias comunidades autónomas, entre ellas la de Castilla y León. Los participantes, a cuerpo limpio, deben cortar o recortar del modo más artístico posible a los novillos-toros en un tiempo limitado de unos diez minutos. También se celebra una corrida o novillada mixta, en la que al menos están presentes 2 o 3 rejoneadores, pues es enorme el cariño y admiración que en la localidad se siente hacia el caballo.
Si un eje importantísimo de las fiestas patronales en honor a San Roque lo constituyen los toros, el otro no menos importante lo es la música, contando siempre con destacados artistas, tanto en música moderna como en folclórica y tradicional.

No conviene olvidar que las fiestas suelen ser un medio que contribuye a la convivencia y la unión entre los vecinos y visitantes. Buen ejemplo de ello son las sopas de ajo al estilo castreño que elabora la Comisión de Fiestas el día que comienzan las fiestas. Se ofrece también un chocolate uno de los días y una cena de hermandad que se celebra el sábado, con posterioridad al día de San Roque. Normalmente se matan dos vacas o un toro del primer encierro del campo, y se prepara un exquisito guisado de carne acompañado de las ricas patatas producidas en la vega del río Esla, junto con pan , vino y fruta.

jueves, 27 de noviembre de 2008

El Retablo de Castrogonzalo - Una mirada a la Pintura Renacentista en la provincia de Zamora

Detalle de la tabla de La Visitación

1. Breve historia de un traslado

Este retablo, actualmente situado en el muro occidental de la iglesia de San Miguel, es sin lugar a dudas el principal tesoro artístico con que cuenta la villa zamorana de Castrogonzalo. No obstante, su emplazamiento original estuvo en el presbiterio de la desaparecida iglesia de Santo Tomás. La pequeña historia de este traslado debe situarse a principios de los años ochenta, momento en que el progresivo deterioro del templo comenzó a sembrar la inquietud entre los vecinos.

Desgraciadamente, los negros augurios formulados por vecinos y parroquianos tuvieron su confirmación punto por punto. El culto tuvo que interrumpirse definitivamente en la iglesia ante el desplome de parte del techo y la proliferación de amenazantes grietas en muros, bóvedas y cúpula. De esta forma, Castrogonzalo perdía temporalmente sus dos parroquias, dado que el otro templo, San Miguel, hacía ya bastantes años que estaba fuera de servicio. Un modesto local municipal, acondicionado al efecto, tuvo que cumplir las misiones de altar improvisado durante una larga temporada, haciendo posible el servicio religioso.

Algún tiempo después, tras la realización de diversas obras de reforma  pudo volver a utilizarse la iglesia de San Miguel. Fue este el momento en el que se acometió el traslado y restauración de nuestro retablo a cargo de la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León, trabajos que se prolongaron durante varios meses de los años 1985 y 1986. Las obras fueron provisionalmente recibidas el 2 de junio de 1986 y el 2 de junio de 1987. Las tablas y su marco arquitectónico retomaban así su antiguo esplendor perdido, pero las tallas no gozaron del mismo privilegio, aguardando pacientemente aún hoy a que alguien se apiade de ellas. Paralelamente, el abandono y el consiguiente proceso de deterioro de Santo Tomás continuaron imparables durante los años siguientes, hasta que en torno a marzo de 1992 se derribó definitivamente.

2. La iglesia de Santo Tomás de Castrogonzalo

La existencia de dos parroquias en Castrogonzalo y, por consiguiente, de dos barrios -el de Arriba y el de Abajo-, es un aspecto indisolublemente ligado a su historia. Ya desde 1157 contamos con referencias sobre templos en la villa dependientes de la mitra astorgana. En 1225 Alfonso IX concede al monasterio de Arbás cuantos derechos le pertenecían en las dos iglesias de Castrogonzalo. En 1361 encontramos la primera mención de la iglesia de Santo Tomás en un documento del monasterio de Santa Clara de Benavente.

Aunque la planta y estructura general de la iglesia puede responder al siglo XVI, durante el siglo XVIII se acometieron importantes reformas. El templo tenía una nave única en forma de cruz, cabecera y brazos rectos, y espadaña a los pies. Su fábrica, fruto de diversas fases constructivas, alternaba el tapial, el ladrillo y la sillería. La cubierta era a dos aguas sobre armazón de madera. El crucero se cubría con cúpula semiesférica y la nave con bóveda de medio punto con lunetos. El cuerpo inferior de la espadaña fue reparado y reforzado en diversas ocasiones y a mediados de los años setenta se adosó una galería cubierta al muro sur.

Durante el siglo XVII hay constancia de varios pagos para la realización diversas obras. En esta época en el templo había al menos tres capillas: la de la Natividad de Nuestra Señora, la de San Martín y la de San Juan Bautista. Hay también menciones de intervenciones en la capilla mayor, así, sabemos que en 1640 se limpió el altar mayor o que por estos años doró la caja del Santísimo. Al margen de estas obras, el templo atravesó un momento delicado en los días inmediatos al 29 de diciembre de 1808, cuando las tropas francesas ocuparon el pueblo y utilizaron la iglesia como establo para sus caballerías. Según el testimonio de su párroco, los franceses irrumpieron en la iglesia e hicieron varias hogueras en su interior, destrozaron las puertas del Sagrario y alguna otra pieza de retablos.

3. Características formales e iconografía

El retablo tiene una longitud de 7,80 metros y una altura de 5,70 m. El zócalo mide unos 1,30 m. y la coronación del ático tiene otros 1,50 m, con lo que la altura total máxima desde el suelo es aproximadamente de 8,50 metros. Está presidido por dos esculturas: una talla de Santo Tomás Apóstol y otra de San Juan Bautista.

Su estructura arquitectónica consta de un cuerpo bajo: el banco o predela, ocupado por encasamientos, con diez pequeñas imágenes de evangelistas, santos, apóstoles y doctores de la Iglesia. Se distribuye verticalmente en una calle central y cuatro laterales, a las que hay que añadir otras dos calles exteriores, más estrechas, con recuadros a manera de nichos que acogen el resto de tallas, hasta completar el número total de veintidós. Horizontalmente se distinguen tres cuerpos o pisos. La separación entre las calles se realiza a través de columnillas abalaustradas. La transición de un cuerpo a otro se efectúa mediante cornisas y frisos decorados con grutescos. Lo más destacable de todo el conjunto son las 14 tablas policromadas que representan diversos temas del Nuevo Testamento.

El primer ciclo temático tiene por tema aspectos diversos de la vida de la Virgen y la infancia de Cristo, ocuparía todo el primer cuerpo y las dos tablas del lado izquierdo del segundo. Comprende: El Nacimiento de la Virgen, La Anunciación, La Visitación, La Natividad, La Adoración de los Magos y La Presentación en el Templo. Mayores problemas presentan las tablas siete y ocho, ambas en el lado derecho del segundo piso, las correspondientes a los temas de Pentecostés y La imposición de la casulla a San Ildefonso. La primera no encaja en el desarrollo temático, pues debería estar en el tercer piso tras La Resurrección.  La segunda no corresponde a un momento concreto. Por último, el cuerpo tercero se centra en temas de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Comprende El Ecce Homo, Camino del Calvario, El Calvario y La Resurrección. La última tabla de este piso que hemos numerado como la trece, es una imagen de la Asunción de la Virgen que se completa con La Inmaculada del ático.

4. Aspectos estilísticos y compositivos

En nuestro retablo se pone de manifiesto la influencia conjunta de la pintura hispano-flamenca y la renacentista italiana. Junto a composiciones e iconografía propios de lo flamenco, los personajes se desenvuelven en arquitecturas renacentistas. Pero es el arte de Rafael Sanzio el que deja una mayor impronta. Su influencia se manifiesta en la belleza ideal, en la delicadeza de los gestos, en el suave plegado de los paños y en la suavidad de la luz.

Los rostros de los personajes son apacibles y delicados. Las manos son estilizadas con dedos afilados que dotan de expresividad y significado a los temas. La luz es otro elemento importante. No existe una definición clara de los puntos de luz, por lo que no se perciben fuertes contrastes. El color está vinculado a la composición. Se opta por las tonalidades suaves y en general frías, con toques de claroscuro. El autor o autores domina la técnica de la representación de pliegues, añadiendo sombras y matices crean los volúmenes. Las indumentarias responden a las modas de la época, reflejando los ambientes selectos de la corte y la alta nobleza. En cada tabla aparece definida una escena principal que da sentido al tema, y con frecuencia, otras secundarias. El autor o autores frecuentemente se permiten la licencia de introducir elementos anecdóticos y desenfadados. De esta forma encontramos, a veces en lugares preferentes e insospechados a esos ángeles con hechura de niños, perros, gatos, o los estudios minuciosos de los objetos más diversos.

Por último, hay que hacer referencia obligada al paisaje y los fondos de las escenas por ser uno de los elementos que más vinculan nuestro retablo con el grupo selecto de pintores de la Escuela de Toro. Generalmente el paisaje se muestra visible al espectador tras un arco o un vano de la estancia principal, cuando se trata de un interior; o bien se representan horizontes abiertos con ambientes mucho más diáfanos y desahogados.

5. La decoración escultórica

Dos figuras escultóricas presiden actualmente el retablo en su calle central: una talla de Santo Tomás Apóstol, bajo cuya advocación se levantó el templo, y otra de San Juan Bautista, ambas de mediados del siglo XVI.

El santo titular, en rigurosa posición frontal, viste túnica azulada que le llega hasta los pies descalzos y manto rojo abierto por un costado. Sostiene un libro abierto con su mano izquierda, atributo genérico de los apóstoles, pero también alusión a su leyenda de predicador en la India. De hecho su ademán es de lectura o declamación, sensación que queda remarcada con su expresiva mano derecha levantada, aunque también es muy posible que en ella llevara la escuadra, en alusión a su condición de patrón de arquitectos y geómetras. La hornacina dorada que le sirve de marco arquitectónico esta profusamente decorada con motivos vegetales, "putti", y las alegorías de la Fe y la Justicia.

La talla de San Juan es con diferencia la más notable de todo el retablo. Su evidente mérito ya fue advertido por Gómez Moreno, destacándola de todo el conjunto. Es una imagen manierista, de elegantes proporciones estilizadas a la manera clásica. Viste la tradicional piel de camello y está acompañado por el cordero a los pies. De acuerdo con su vida austera y errante aparece alto, descalzo, casi desnudo y demacrado, con cabellos y barba descuidados. Esta impresión es ahora irónicamente magnificada por su lamentable estado de conservación y la suciedad que le cubre. Porta el libro en la mano izquierda y tiene mutilado su brazo derecho, donde quizá llevara la concha del bautismo. Su pierna izquierda avanza decidida en un atrevido "contrapposto" que rompe la frontalidad y arquea ligeramente su cuerpo en un guiño praxiteliano. La cruz parece un añadido posterior. En la actualidad la imagen se nos presenta con un nada discreto cortinaje azulado de fondo, pero en fotos antiguas de la iglesia de Santo Tomás anteriores al traslado se aprecia una hornacina avenerada más acorde con el espíritu de la talla.

El retablo cuenta también con un total de veintidós pequeñas imágenes de madera policromada, de calidad discreta, que representan a apóstoles, evangelistas, padres de la Iglesia y santos. El orden actual de colocación parece puramente aleatorio. En su origen muy probablemente el apostolado ocupaba las dos calles exteriores, con doce huecos en total,  mientras que el resto de imágenes se debía distribuir por los encasamientos de la predela. La identificación del algunos de estos personajes resulta problemática al estar parcialmente mutilados o haber perdido sus atributos. Estas tallas parecen pertenecer a la misma época en la que se realizó todo el conjunto, aunque en la documentación consultada no hay la más mínima noticia de ellas. Es factible, tal y como ocurre en otros casos, que alguno de los autores combinara las labores pictóricas con las escultóricas. Según David de las Heras algunas han sido sustituidas, “cambiando las primitivas por otras más modernas”. Peor valoración hace de ellas Gómez Moreno, al afirmar lacónicamente que no tienen un especial mérito artístico y responden, en su mayoría, a “modelos italianos”

6. El problema de la autoría

No se ha localizado firma en ninguna de las trece tablas, ni contamos con datos sobre su encargo en los libros de fábrica. Afortunadamente estas lagunas documentales han podido ser suplidas a partir de los protocolos notariales. Los primeros datos conocidos están relacionados con el pintor salmantino Juan de Montejo. En 1559 su viuda, Luisa de Oviedo otorga poder a dos vecinos de Villalpando para que presenten un requerimiento al mayordomo de la iglesia de Castrogonzalo “sobre el pintar del retablo que está comenzado”. Al año siguiente, el 3 de febrero, nuevamente Luisa de Oviedo otorga poder a Francisco de Valdecañas, pintor vecino de Toro, para pedir aparejos para acabar el retablo. 

Pero el documento que arroja más luz es un contrato firmado entre Luisa de Oviedo y Francisco de Valdecañas el 23 de febrero de 1560. Por él sabemos que el pintor toresano estaba obligado a entregar acabado el dicho retablo para el año siguiente. Francisco de Valdecañas murió sin cumplir finalmente todos sus compromisos. En 1569 Antonio de Salamanca retoma los trabajos. Muy poco, sin embargo, duró esta labor pues debido a una enfermedad traspasa su labor a Santiago de Remesal, pintor vecino de Valladolid.

Parece claro que la mayor parte de la obra del retablo de Castrogonzalo se hizo estando en vigor el contrato suscrito con Francisco de Valdecañas en 1560. A esta fase de los trabajos debe corresponder la pequeña inscripción existente junto al lado izquierdo del sagrario, que reza así: A:NOMD:LXII (1562). Más problemático resulta concretar cual fue la participación concreta de Valdecañas. Teniendo en cuenta su fuerte vinculación con el grupo de artistas de Toro, con los que trabaja frecuentemente de forma mancomunada, parece claro que uno o varios de ellos debieron de intervenir de forma activa. Los nombres de Lorenzo de Ávila y Juan de Borgoña II, llamado el Joven, planean sobre nuestro retablo.

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Inscripción en el lateral del sagrario A:NOMD:LXII (1562)

Vista general del retablo

Detalle de la tabla del nacimiento de la Virgen

Detalle de la tabla del nacimiento de la Virgen

Detalle de la tabla del nacimiento de la Virgen

Detalle de la tabla de la Anunciación

Detalle de la tabla de la Natividad

Detalle de la tabla de la Natividad

Detalle de la tabla de la adoración de los Magos
Detalle de la tabla de la presentación en el Templo

Detalle de la tabla de Pentecostés

Talla de Santiago Apóstol ataviado como peregrino

El retablo en la iglesia de Santo Tomás

Portada del libro "El Retablo de Castrogonzalo" (2001)